Hetero Jovencitas

Me acuesto con mi jefe


Mi nombre es Karina, tengo 24 años y trabajo en una multinacional como secretaria del dueño. Os voy a contar las aventuras sexuales que vivo a diario en la empresa, vamos con el primer capitulo.

Primer capitulo: Mi jefe
Hoy es Viernes, son las ocho de la tarde y aún no he salido del trabajo, he tenido que quedarme preparando unos papeles. Cuando ya estaba terminando, se abre la puerta del ascensor y aparece mi jefe, es un hombre de unos 45 años, de metro ochenta, ojos azules y muy bien cuidado, un hombre bastante atractivo e imponente.
– Hola Karina ¿aún por aquí?
– Buenas tardes señor, si tenía que terminar unos papeles, ya me iba.
– ¿Tienes algún plan?
– No señor.
– ¿Te apetece tomar una copa en mi despacho? Me haría bien un poco de compañía.
Me sorprende su invitación, nunca antes lo había hecho, lo pienso un segundo y entonces le respondo:
– Si, claro.
– Perfecto, pasa a mi despacho entonces.
Espero a que mi jefe pase delante de mi y le sigo, parece cansado.
– Toma asiento. – me dice mientras me señala el sofá ubicado frente a la ventana. Tomo asiento y observo la ciudad por el gran ventanal mientras mi jefe prepara dos copas.
– Es mi lugar favorito para pensar. – miro a mi jefe con cara de duda, sin saber de que me habla.
– El sofá, me gusta sentarme ahí cuando tengo que pensar.
– ¿A eso venía esta noche? ¿A pensar?
– Si, a eso y a intentar retrasar el regreso a casa, no me apetecía para nada volver.
Me acerca la copa y se sienta a mi lado, se queda mirando mis ojos, yo bebo de la copa mientras intento adivinar que piensa.
– Tu novio debe estar encantado de tener a una mujer tan hermosa como tú.
– No tengo novio señor, pero muchas gracias.
-No me llames señor, ya has terminado tu jornada laboral.
– ¿Y quiere que lo llame?
– Alex o Alejandro, como te guste más.
Repito su nombre en mi cabeza, Alejandro Irrazabal, ese es mi jefe.
– Bueno pues… No tengo novio Alex.
Mi jefe sonríe ante mi respuesta, y yo vuelvo a beber con la mala suerte de que unas gotas caen sobre mi vestido.
– Mierda. – me quejo yo mientras busco mi bolso para poder coger algo con que limpiarme, pero mi jefe saca rápidamente un pañuelo de tela de su bolsillo y me lo da.
– Toma, limpialo antes de que cale en la tela.
Cogo el pañuelo y froto la mancha del escote mientras el me mira, de repente se acerca a mi y me agarra la mano.
– Eres preciosa, tu ojos verdes, tu pelo moreno… tus labios gruesos y carnosos…
Me fijo en la manera en la que me mira, tiene fuego en los ojos.
– Al final me lo voy a creer señor. – le respondo mientras le devuelvo el pañuelo.
Él se acerca aún más, con sus brazos me atrae hacia él y acerca su nariz a mi cuello.
– Mmm hueles muy bien.
No retira su cara de mi cuello, y empieza a darme pequeños besos, yo me estremezco pero no me retiro, me gusta esa sensación.
– Señor, que está… – mi jefe pone un dedo en mi boca para silenciarme y se acerca a mi oído.
– Eres tan hermosa, tan delicada, tan apetitosa…
Él muerde mi oreja y seguidamente pone su boca frente a la mía. Lo miro a los ojos y después miro sus labios a milímetros de los míos.
– ¿Quieres besarme preciosa?
Pasan los segundos y tardo en contestar, tan solo siento su respiración con la mía.
– Señor no deberíamos… usted … está casado, tiene hijos… no deberíamos.
Mi jefe agarra mi cara suavemente y me besa, primero muy lentamente y después mas pasional. Nos separamos, lo miro por unos instantes y ahora son yo la que se abalanza sobre el y lo beso, metiendo mi lengua entre sus labios para encontrarme con la de el y juguetear ambas.
– Llevaba tiempo imaginando esto, me gustas preciosa, te deseo.
Me vuelvo a abalanzar sobre el y ahora me siento sobre sus muslos, mientras, rodeo su cuello con mis manos y lo beso.
– ¿De verdad me deseas? – le pregunto casi sin dejar de besarlo.
– Si preciosa, deseo recorrer tu delicado cuerpo con mi boca.
Me quedo pensando mientras lo sigo besando. ¿Por que no? Mi jefe es un hombre muy atractivo, y además me estas poniendo como una moto. Me levanto y me sitúo frente a él, me llevo las manos a la espalda y bajo la cremallera de mis vestido dejándolo caer en el suelo.
Él me mira con cara de sorpresa y al mismo tiempo de deseo.
– Pues adelante. – Le digo mientras me acerco lentamente hacia el.
– Ven aquí cariño.- agarra mi mano y me hace caer sobre el sofá, mi jefe sitúa sobre mi y empieza a besarme el cuello mientras acaricia mi muslo; yo acaricio su pelo y me dejo hacer. De repente siento como su mano toca el exterior de mi braga, mi jefe sonríe y dice:
– Estas cachonda preciosa.
– Puedo llegar a estarlo mucho más.- digo con una sonrisa pícara.
Él vuelve a besarme y mete su mano por dentro de mi tanga, con sus dedos busca mi clítoris y lo acaricia con el pulgar mientras yo me erizo de placer.
– Te voy a dar lo que quieres chiquilla, te voy a hacer gritar de placer.
Yo lo beso y él ahora penetra mi sexo con dos dedos mientras con otros dos aprieta y acaricia mi clítoris. Yo siento como mi temperatura va subiendo y empiezo a gemir con el mete saca de sus dedos. Saca su mano de mi tanga y de un solo movimiento me lo quita dejando al descubierto mi coñito totalmente mojado, se lleva mi tanga a la nariz y lo huele, después lo deja a un lado y observa mi sexo totalmente abierto para él.
– Delicioso. -dice mientras pone mis piernas sobre sus hombros y empieza a lamer mi coño con mucha suavidad. Yo empiezo a gemir y el comienza a penetrarme con su lengua.
Después de un rato de sexo oral, se levanta y se baja el pantalon, puedo ver su erección a través de su calzóncillo y me pongo de rodillas ante el.
– Dejame verlo. – digo deseando ver el miembro de mi jefe.
Él saca su polla y la pone ante mi totalmente dura y húmeda. La observo con detenimiento, es grande y también es gruesa, después de unos segundos paso mi lengua por el glande para y me la meto en la boca, como me imaginaba no me cabe entera pero me encanta el sabor de esa polla, me encanta cómo me llena la boca y cómo casi me asfixia. Empiezo a mamar ese gran mastil y el sonido de el roce de la punta con mi garganta me hace aumentar la intensidad, mi jefe está mirando como me como su polla mientras produce unos gemiditos.
– Oh si nena, que rico, sigue.
Yo como buena empleada sigo felando el miembro de mi jefe al mismo tiempo que masajeo sus testículos. Parece que el tiene otros planes y me aparta la cabeza pero yo quiero seguir chupando y me la vuelvo a meter en la boca.
– ¿Te gusta mamarla preciosa? ¿Quieres seguir comiendote mi polla zorra?
Yo no digo nada y sigo chupando pero el ahora me agarra del pelo y me hace incorporarme hasta ponerme de pie.
– Quiero follarte nena, quiero que tu coñito se coma mi polla.
Me coge en brazos me sienta sobre la mesa, abre mis piernas y me da un par de palmaditas en mi raja, después acerca su polla y me la mete lentamente.
– Tienes el coño muy caliente princesa.
– ¿Te gusta? – pregunto con ganas de que empieza a follarme ya
– Me encanta.
Después de eso empieza un mete saca lento y suave, el saca mis tetas por encima de sujetador y me pellizca un pezón, eso me hace dar un grito de placer y mi jefe pone cara de satisfacción.
– ¿Quieres más perra?
– Follame duro.
Mi jefe acata mi orden y empieza a aumentar la intensidad, con cada envestida yo grito. No me esperaba para nada tener esto con mi jefe.
– Más duro, dame más.- le digo totalmente sedienta de un sexo salvaje.
Él me agarra la cara y me dice:
-¿Quieres más golfa?
– Si, quiero mucho más.
Mi jefe me coge sin sacar su polla de mi coño y me pega a la pared con mis piernas totalmente sujetadas a cada lado por sus brazos, empieza de nuevo el mete saca pero esta vez mucho mas duro, me encanta esa fuerza me hace gritar mucho más.
– ¿Te gusta así puta?
Yo no respondo, estoy viendo las estrellas con esta tremenda follada, y el comienza a clavarme su polla hasta el fondo con dureza, yo grito aún más fuerte que de costumbre.
– Si, grita perra, grita.
Después de un rato me baja.
-Ponte a cuatro patas en el sillón, de cara a la ventana.
Yo obedezco y me subo al sillón, mi jefe me abre las piernas y se pone de rodillas para ahora morderme el clítoris, se levanta y me da una nalgada.
-¿Se siente bien pensar que alguien puede ver desde otra ventana como te follo?
Yo no había caído en eso pero el simple hecho de pensarlo me eriza la piel, de repente me mete la polla en el coño y empieza a follarme con brutalidad, con cada envestida mi cara queda a centímetros del cristal.
– Follate mi polla preciosa.
Empiezo a menear el culo sobre ese duro falo, menemo mis caderas hacia delante y hacia atrás y siento como entra y sale.
– Que rico nena.
Yo sigo moviéndome cada vez con más rapidez, con cada movimiento ambos gemimos, comienzo a notar como su respiración se acelera.
– Nena no puedo más, me voy a correr.
– Córrete, dame hasta la última gota.
– Eres una perra.- me dice mi jefe mientras yo subo la intensidad para que se corra, de repente noto un chorro caliente dentro de mi coño y los latidos de su polla. Después de que la última gota salga mi jefe saca su polla de mi coño y sin dejarme mover me dice:
– Espera un momento.
Se acerca a su escritorio y agarra un pisa papeles con forma alargada, casi tanto como su polla, me lo acerca a la boca y me dice:
– Chupa.
Lo mete en mi boca hasta el fondo y después lo saca.
– Ahora te toca a ti.
Mi jefe mete el objeto en mi coño, se podría decir que lo mete totalmente y empieza masturbarme con él mientras con la otra mano aprieta y acaricia mi clítoris. Me masturba muy fuerte con el pisapapeles y siento como si me llegara hasta las entrañas, yo grito de placer.
– Córrete perra, vamos córrete.
No tardó ni cinco minutos en llegar al orgasmo que viene acompañado de un fuerte grito.
-Así es preciosa. ¿Rico verdad?
Mi jefe saca el objeto de mi coño y ve como escurre los fluidos de ambos por mis muslos. Me da una palmada en el culo.
– Demasiado rico señor.
-Llámame Alex preciosa

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