Hetero Jovencitas

El joven Superdotado (Parte 2)


Soy Carlos, el uruguayo que les había escrito “EL SUPERDOTADO”, contando cómo había sido mi primera vez. Esta vez vuelvo a escribirles para decirles que me peleé con Noelia, y desde que estoy solo tuve muchísimas aventuras.

La que más me exitó fue la que les cuento ahora. Para quienes no hayan leído la anterior historia (en especial para las mujeres), les digo que tengo un pene que es el sueño de muchas: 27 cm. de largo, por 6 de ancho, con una circunferencia de 18 en el tronco y casi 20 en la cabeza.

Hacía recién una semana que estaba solo (y desesperado por enterrar mi pedazo en una buena vagina). Fui a la farmacia en donde habitualmente compro los preservativos (forros les decimos en Uruguay). Son de una marca alemana que los hace más grandes, de hasta 25 cm. (esos son los que compro). Generalmente me atiende una vieja, pero esta vez estaba Mariana, la hija del dueño. Mariana tiene 28 años, y un cuerpo de locura. El año pasado ganó el concurso de belleza que hicieron en mi pueblo. Sus medidas declaradas en el concurso eran 98-61-93. Los dos amigos míos que tuvieron la suerte de cogérsela comentaron que le encantaban los penes grandes, porque ellos los tienen normales y les decía siempre que nunca le habían metido algo realmente grande, de más de 20 cm. Y dicen que gozaba como loca cuando la clavaban hasta el fondo; tenía fama además de ser una gran chupadora. Por supuesto que en mi barrio ya se había corrido la noticia de mi “atributo”. Sabía que había más de una que me tenía ganas, y deseaba que Mariana fuese de esas. Como se imaginarán, lo que voy a contarles es la historia de cómo me la cogí.

Me daba vergüenza pedirle preservativos a una mujer (ya conté en mi primera historia que soy muy tímido), y mucho más cuando tengo que decirle que son los alemanes de 25 cm. Pero yo estaba muy excitado con la sola idea de que Mariana se calentara conmigo, así que decidí pedírselos.

Le dije que me diera preservativos, de los alemanes. Ella asintió y me los trajo. Yo no le había dicho que eran de los más grandes. Me dio los de 20 cm. Los miré y le dije si no tenía de los más grandes. Se puso colorada y me miró. Luego echó a reír:

¿Me vas a decir que tenés un pedazo de 25 cm.?

No, de 27. Pero si no me creés te puedo dar una prueba.

¿Vos estás loco, pibe? ¿Qué te creíste que soy?. Andá y buscate alguna del barrio, que hay varias que necesitan una buena sacudida.

Me dio lo que buscaba y yo me fui. En realidad quedé con un poco de bronca, pero no me di por vencido. Yo sabía que si esa mina era como decían, ya me estaría fichando. Decidido a coger a cualquier precio, en un bailecito que hacen todos los meses para recaudar fondos para el club en el que juego me levanté una mina de 16 años que tiene fama de gran cogedora. Esa noche, diez minutos después de apoyarle mi bulto semi-duro en la entrepierna, me la llevé a casa. Es increíble todo lo que me hizo esa chica. Me dijo que ya conocía de mi fama, y hacía rato que me tenía ganas.

Pero yo no perdía las esperanzas con Mariana. Seguía yendo a la farmacia, y pedía siempre los mismos preservativos (por supuesto, seguía cogiendo con otras chicas del barrio).

Parece que la verdad de lo que se decía sobre mí llegó a los oídos de Mariana. Esto pasó tres semanas después de mi primer encuentro con ella: ¿Qué tal?. Dame por favor los preservativos alemanes: ya sabés, los más grandes de todos.

Mirá, esta vez no hay más. Lo que pasa es que los reponemos una vez por mes, porque la verdad es que el único que los lleva sos vos. Pero este mes compraste más que el anterior.

Es que afortunadamente tuve que usarlos más veces.

¿Cuántas mujeres conocen de tu supuesta virtud?- me preguntó Mariana.

En este barrio, la única excepción debés ser vos. ¿No querés unirte al grupo?

Mmmmh… La semana pasada estuvo con vos una chica Cecilia, que es mi mejor amiga. Me contó que es cierto, pero a mí me cuesta creer que sea tan grande. ¡Eso sería un garrote!

¿Y qué te hace pensar que no lo es?- le pregunté.

Que yo tenía conocimiento de que algo de 21 ó 22 cm. ya se consideraba superdotado, y la verdad es que me han puesto uno de 19 y estuve una semana quejándome. Ya me parece exagerado que puedan existir de 21 o 22. ¡Pero 27 cm! ¡No hay concha que aguante!

Al principio te va a doler, pero te aseguro que te va a gustar al final. Está bien. Pero antes te lo voy a medir: quiero estar segura de que no me vas a mentir para cogerme.

Como quieras… y cuando quieras.

Vení mañana cuando cerramos. Pero no le digás a nadie, o no me ves más.

OK. Hasta mañana.

Al otro día fui a la hora en que habíamos quedado hasta la farmacia. Esperé que se fueran todos, y quedó sólo Mariana. Entré y me dijo que me sacara rápido la ropa. Ella ya tenía una regla en la mano. Cuando me saqué el slip, los ojos de ella no podían estar más grandes. Se me paró muy rápido. Mariana ya no necesitaba medirla: se moría de ganas de tirarse encima mío y agarrarlo. Pero no quería mostrarse desesperada, aunque lo estuviera. Puso la regla al lado de mi pene. En un segundo sentenció: Mmmmh… 27,1 cm. Tenías razón. Pero… ¿de donde lo sacaste? ¿qué te ponés? Esto no puede ser natural. ¡Mirá! ¡Es más grande que esa botella de Coca-Cola! Metémela ya

¡Esperá! Tocame y chupámela. Dale, que me gusta y a vos también te va a gustar.

¡¡¡No!!! ¡Estoy desesperada! ¡Metémela ya mismo!

Mientras decía todo esto, se había quedado en ropa interior. Al igual que Noe, primero quería que la cogiera. Estaba realmente desesperada. Por supuesto, había traído varias cajas de forros que tenía en la farmacia. Me coloqué uno y la recosté sobre un sillón. Le saqué de un tirón la bombacha, y de otro el corpiño. Le pedí que se abriera lo más posible y comencé.

Fue más fácil de lo que creía. Aunque tenía la concha muy cerrada, estaba llena de sus jugos. ¡Parecía un tren acuático!. Su baba me untó toda el forro, así que lo deslicé fácil al principio.

Pero apenas había empezado, me pidió que me sacara el forro, que era muy incómodo y que ella quería que la llenara de leche. Le pregunté si se había cuidado y me dijo que sí. Entonces me lo saqué y empecé de nuevo. Parecía mentira que una mina pudiera sacar tanto jugo: Mariana estaba realmente desesperada. Le agarré las tetas, la besé, la mordí, mientras la iba penetrando. Le habría metido poco más de la tercera parte cuando tuvo su primer orgasmo. Yo seguí.

A los pocos minutos había metido más de la mitad. Estaba por acabar, y Mariana que seguía gritando y agarrádome lo que me quedaba de pija afuera. Le dije que llegaba.

¡Dale!!!! ¡Enterrala toda!!! ¡Por favor!!!!!

No lo pensé dos veces: ahí nomás, en tres segundos, arremetí hasta el fondo. Nunca había metido tanto la pija: tenía afuera alrededor de 3 o 4 centímetros. Mariana dio un alarido que me asustó. En ese exacto momento largué un chorro de leche, que me pareció que no terminaba más.

Fue una mezcla de dolor y de placer. La miré, y vi que la había desgarrado. Le chorreaba algo de sangre por la concha, pero con tanto jugo casi ni se notaba. Ella tuvo un orgasmo fenomenal. Dejé mi pedazo adentro, duro pero cansado.

Lo que siguió no lo van a poder creer… pero lo sabrán en la próxima.

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