Hetero Maduras

Gordita enculada por pasear al perro


Tengo un hermoso perro boxer leonado bastante bien entrenado, su atlética figura de ancho pecho y la fuerte cabezota de rostro serio y aparentemente malhumorado gustan mucho no solo a las personas, sino por supuesto, a las perras, el muchacho es todo un galán. Conmigo no sucede actualmente lo mismo, aunque alguna vez fui de muy buen ver, la edad y algunos excesos de la vida no perdonan. Cerca de los cincuenta he perdido pelo y ganado peso, pero he adquirido también un montón de mañas que me permiten seguir activo en el campo sexual a pesar de lo menguado de mis atractivos físicos. “Por algo dicen que rollo mata carita”.

Un dia mientras paseaba al “Gorgo”, una robusta matrona cuarentona de maciso muslamen y un culo amplio y parado, con castaño cabello más bien corto y peinado de salón, zarandeaba con mucha gracia la zona del aguayón por delante de mi, paseando una linda hembra blanca de boxer; si mis ojos quedaron prendados del fastuoso trasero de la doña, “Gorgo” encontró también de lo más suculenta a la perrita, que ostentaba una cara bastante graciosa por no tener las orejas cortadas, lo que les da una especial dulzura a las hembras de esa raza, aunque los machos siempre se ven más fieros y atractivos con las orejas recortadas como “Gorgo”. Tuve que darle unos fuertes tirones a la cadena para que no violara a la perruna muchacha ahí mismo, cosa que no le hubiera disgustado en lo más mínimo a ella en vista de los gemidos que lanzaba, era evidente que también había caído perdidamente enamorada de mi semental.

Fue un excelente pretexto para entablar conversación con la suculenta dueña que resultó llamarse Margarita (Margarota, hubiera dicho yo, dadas las pingües proporciones de su cuerpazo monumental, adornado por delante con un par de elevadas tetazas que hacían juego con su respingada retaguardia.) Inmediatamente comencé a alabarla y a adularla, bien dicen por ahí que “una mujer bien adulada ya está medio encuerada”. Como la perra estaba en brama (Dolly, la boxer ), doña Marga me preguntó si Gorgo estaba disponible para cruzarse. La pregunta era un tanto ociosa pues de inmediato mi cachondo compañero andaba exhibiendo un pito colorado en plena erección que hacía suspirar a “Dolly”. Normalmente cobro trescientos o cuatrocientos pesos por monta del muchacho “Gorgo” (o sea que lo padroteo a cambio de un filete), pero en vista de los encantos de Doña Marga le dije de inmediato que eso por supuesto que le prestaba al perrito para cruzarlo con la “Dolly”.

En vista de la urgencia copulatoria que mostraban ambos animales quedamos en que el mejor momento para cruzarlos era ese, así que los llevamos a la cercana casa de la ñora para dejarlos sueltos en el jardín y que estuvieran en cierta intimidad. Normalmente le llevan las perritas a “Gorgo a mi casa, que tiene patio, pues es más conveniente que sea en territorio del macho para que este se pueda mostrar más dominante, pero era evidente que la “Dolly” no se iba a poner ni tantito agresiva, estaba encantada de que el galán canino le invadiera el territorio y todo lo que quisiera.

¿Estaría la ama tan dispuesta como la perrita? Por lo pronto me invitó a entrar a la sala y a tomar una copa, entre comentarios me enteré que vivías sola con su hija pequeña que ahora estaba en la escuela; yo seguía alabándola, con algunas mujeres sobarles el ego es el mejor acercamiento para sobarles las nalgas; al notar la manera en que se bebía mis comentarios dilucidé que tenía problemas de autoestima y estaba hambrienta de piropos.

De vez en cuando nos asomábamos a la ventana, ella a observar los jugueteos y el cortejo de nuestras mascotas y yo a admirar su rotundo trasero, amorosamente modelado por la ajustada falda de largo Chanel y la tersura de su espalda, visible por la semitransparencia de la blusa. A la primera copa siguió una segunda; mi erección era tan firme como la de “Gorgo” que en ese momento daba por terminados los escarceos preliminares,inmovilizaba a “Dolly”, la montaba desde atrás y le dejaba ir todo su colorado camote. Doña “Marga” los observaba con cierto morbo acodada en el alfeizar de la ventana respigando más aún su delicioso culo, me acerque a ella y pretendiendo ver también la jodienda canina le apoyé mi tiesa verga sobre una nalga como distraídamente, ella no se dio por aludida, así que aproveché para posar una mano en uno de sus hombros apretando ligeramente, ella se removió un tanto inquieta, pero no dijo ni pío, posé las otra mano en el otro hombro y comencé un suave masaje, ella se fue relajando mientras ambos veíamos el garrote de “Gorgo” entrar y salir vertiginosamente de la puchita de “Dolly”, ella jadeaba y tenía un metro de lengua de fuera, evidentemente estaba encantada de la verguiza que “Gorgo” le proporcionaba.

-Se ve que la “Dolly” se la está pasando de lo más bien.-

Cometó la deliciosa gordis.-

Y eso que ya no es ninguna muchachita, ya tiene sus buenos siete años.

Yo le comenté que no solo las jovencitas podían disfrutar de las delicias del sexo, que las hembras maduras eran más deseosas y deseables. Ella volteó a verme y sonrió para después volver de nuevo a observar a los cogelones canes. Me incliné sobre la espalda de Marga y le besé la nuca sin dejar de masajearla, ella se estremeció, puse una de mis manos a su cintura, le pasé la verga por el centro del culo y le lamí un oído. Ella echó la cabeza para atrás cerrando los ojos, yo le besé la rubicunda mejilla y pasé la mano que conservaba en el hombro a una de sus regias chichotas, ella volteó el rostro y me permitió besarla en la boca, mientras le pellizcaba el pezón por sobre la ropa y le seguía restregando el chile en el frondoso nalgatorio. Evidentemente la pornografía zoológica que presenciábamos la había calentado, igual que las dos cubas que se había echado entre pecho y espalda y eso me permitía apoderarme de su pecho y frotarle el final de la espalda con mi duro carajo.

La enorme chichota era dura y elástica a un tiempo y el pezón se irguió de inmediato entre mis dedos acariciadores. Le sorbía el aliento y le metía la lengua hasta las amígdalas, sus gruesos labios eran mas para ser mamados que besados así que eso hacía, le chupaba toda la boca y la lengua que se enredaba con la mía. Se safó de mala gana del beso para murmurar:

-¡Ay, señor Juán, no se si debamos!

-¡Por supuesto que debemos, doña Marga! Es usted la mujer más guapa que he visto en muchos años, y una mujer hermosa no tiene por que vivir sin hombre, es lo natural, el hombre y la mujer son diferentes solo para juntar sus diferencias en un abrazo.

-Pero yo ya estoy vieja… y gorda…

-Viejos los cerros. Yo tampoco soy ningún pollito, mi reyna, y en cuanto a gorda, prefiero un millón de veces una hembra frondosa como tu, con carne donde ha de tenerse carne, a mil de esas flacas anorexicas que están tan de moda. Eres tan hermosa como una Diana de Rubens.

Diciendo esto le eche mano a su otra teta y comencé un delicioso sube y baja elevando ahora una, ahora otra y oprimiéndolas ambas, restregándole siempre el culo con mi tiesa verga. Ella gimió emocionada por los evidentes homenajes a su belleza y me ofreció de nuevo su boca para que la besara, yo le chupaba la lengua, ella se fue girando hasta que quedamos de frente, mi reata frotando ahora su regio chuminazo y mis manos aferrando sus deliciosas nalgotas. Sus brazos se abrazaron a mi cuello y espalda y me acariciaban la cabeza, tomándome el rostro y besándome jariosa. Me di maña para abrir con la boca los botones de su blusa negándome a soltar los elásticos mofletes de exquisito culazo; le empecé a lamer las ricas tetonas y me las arreglé también para bajarle el brasierre con los dientes, dándome entonces un banquete de chichi, mamando los pezones erectos, largos y gruesos, una delicia que se conjuntaba con el concierto de gemidos que emitía la linda gorda.

Solo me decidí a soltar el monumental culorro para subirle la falda y bajarle pantimedias y pantaleta; la senté en el alfeizar de la ventana y me extasié en la contemplación de la riquísima panocha, regordeta como toda ella, peludísima y con unos labios coñiles coloradotes que se mostraron en cuanto aparté la abundante pelambrera, de rodillas besé las labias y le lamí el chocho de abajo a arriba para luego besarle el clítoris, darle ligeras mordiditas y meterle la lengua hasta el útero, agarrando otra vez a manos llenas su regio trasero. Como sé que una hembra bien trajinada y bien cogida seguramente repite la experiencia, seguí mamando el biscochote hasta que la hice venirse gimiendo y gritando:

-¡Ah… aaaah! ¡Papi….mi rey…. aaaah! ¡Que rico…. papito! ¡Aaaah, que divino me haces, sigue…. sigue, papi! ¡Aaaay, mi rey…. me matas… papito aaaah!…

Y se vino abundantemente dejándome la cara empapada de sus líquidos lubricantes, yo me relamía, pues me encanta el jugo de hembra. M e incorporé y noté que los cachondos perrines eran los que nos observaban ahora a nosotros, era evidente que ya habían terminado su primer acoplamiento en lo que nosotros comenzábamos el nuestro, ahora los efluvios de la poderosa venida de Marga los exitaron de nuevo y comenzaron a juguetear y a olerse y lametearse. Yo atenazaba de nuevo las tetotas de mi rica gorda que se abrasaba a mi y besaba la boca que acababa de hacerla tan feliz, su mano comenzó a tocarme la bragueta encontrando de inmediato la dureza de mi garrote, al sentir en la mano el tamaño de mi miembro y poder calibrar su largura y grosor, gimió temblorosa y se arrodilló a su vez, deseosa de devolverme el placer que le había dado. Eso me hizo apreciarla más aún como mujer, no se contentaba con recibir el homenaje del macho sino que sabía corresponderle sin egoismos. Bajo el cierre de la bragueta y me sacó el rabiosamente erecto carajo, lo empuño con sabiduría y después de observarlo con hambre le plantó un beso en el glande para acto seguido zampárselo entero.

Joder!

Era una consumada maestra en el arte de la mamada, se tragaba todo el basto sin rechistar, le pasaba la lengua por todos lados y apretaba la cabezota en el fondo de la garganta cálida y húmeda, salivaba abundantemente, se sacaba el trabuco hasta chupetear solo la puntita y luego sepultarlo de nuevo hasta su esófago. Una mamadora de campeonato. Yo acariciaba su cabeza y estuve a punto de soltarle la leche, pero me contuve, pues quería dejarla más que satisfecha para repetir el numerito las más veces posibles, ya habría tiempo después de llenarle la boca de engrudo, ahora se imponía darle el tratamiento completo, así que la hice suspender la deliciosa felación y la tumbé en el sofá para quitarle del todo la ropa y admirar su poderoso cuerpazo desnudo, procedí a desnudarme yo también y me coloqué entre sus abiertos muslotes, me eche a los hombros sus curvadas pantorrillas y apoyando en su craso coñazo la punta de mi ariete empecé a hundírselo.

Marga gemía y se quejaba, pero no de dolor, estaba más que lubricada, sino de pasión, era obvio que era una hembra lujuriosa que disfrutaba como una loca con una verga metiéndosele en la pucha.

-¡Papi… qué lindo…aaah… que rico…. si… sigue, mi rey!

-¡Mi reina, qué rica estas, mi cielo! ¡Que buenota estas, mi reina! ¡Me encantas! ¡Toma, toma verga mi reina! ¿Te gusta, mi amor? ¿Te gusta que te meta la verga mi cielo?-

-¡Si, papi… si…. me encanta… métemela… mi rey… me encanta tu verga… métemela… métemela toda… toda… aaaay!

Y yo se la metía una y otra vez, hasta el fondo, me la cogía duro y maciso, despacio primero, después de prisa, luego con recios golpes repentinos de pelvis, empitonándola hasta el fondo de un solo empujón, lamiéndole las exquisitas chichotas, manoseándole las satinadas nalgotas y dándole ligeros piquetes en el culo con un dedo. Marga se retorcía y balbuceaba pidiéndome más y más verga. Yo, rendido adorador de sus portentosas redondeces, la alagaba verbalmente patentizándole mi adoración por sus formas:

-¡Que chichotas, mi reina, me encantan tus chichotas, me encanta mamarte las chichotas, mi vida… y que chulada de nalgotas, mi cielo, que preciosas nalgotas tienes, mi reinita chula, que nalgotas, mi vida! ¡Qué hermosa eres, mi reyna! ¡Me encantas, mi vida!

-¡Soy tuya, mi amor, papito, soy tuya! ¡Cógeme, mi rey, cójeme toda que soy tuya!

-¡Toma verga, mi vida, toma verga para tu chochito lindo! ¡ Apriétame, mi reina apriétame con esa deliciosa panochita…qué rica estas, mi vida… que rico me aprietas la verga, me encantas, mi reina, me encantas!

-¡Y tu a mi, papito… me encanta como me coges, mi rey! ¡Cógeme, papi, méteme la verga, métemela toda! ¡AAAh qué rico me coges, papitoooo!

Y mi exquisita mujerzota se vino como una descosida apretándome el chile tan sabroso que casi me saca la leche, pero yo me contuve, pues tenía intención de seguir dándole para adentro durante un buen rato. La dejé descansar un par de minutos sin sacarle la verga y reinicié el machaqueo jodiéndola con todo entusiasmo. Ella me suplicó que tuviera cuidado para no embarazarla, yo le respondí que no se preocupara, que no tenía la menor intención de hacerle un hijo, redoble mis caricias y la fuerza de los vergazos que le atizaba hasta hacerla venirse de nuevo dejándola medio derrengada.

Le saqué el garrote aún sin haberme venido, me estaba reservando la mejor parte para el final. Reuní fuerzas y cargué su voluminoso cuerpazo. El sentirse transportada así, aparentemente tan fácil, la hizo sentirse pequeña y protegida, se colgó de mi cuello y me besaba el pecho y el rostro en franca adoración por la demostración de fuerza que hacía. Aun que el esfuerzo de cargar su cuerpazo fue bastante, valió la pena cuando encontré su recámara y la introduje en ella dejándola acostada en su amplio lecho, me senté junto a ella y la acaricié admirando sus deliciosas redondeces, y recuperándome del esfuerzo de cargarla, miré alrededor y no tardé en localizar un bote de crema en su tocador, la hice girar hasta quedar acostada boca abajo, me extasié con la contemplación de su robusto nalgatorio, separé ambos hemisferios para descubrir el divino ojete, obscuro, con finos pliegues y bordes un tanto salientes, como una donita, una preciosidad de ojete, lo besé y le introduje la lengua. Marga respingó reviviendo y disfrutó la mamada de culo restregándome las nalgotas en la cara.

Fui por el bote de crema y comencé a untar su contenido en las prominentes nalgotas, en cuanto empecé a introducir mis dedos encremados en su culito Marga solo suspiró y llevó sus brazos debajo de la almohada sobre la que descansaba su cabeza abriendo un poco sus macisos muslotes, evidentemente estaba conforme con que la enculara así que encremé también mi verga y me trepé sobre la deliciosa hembra colocándole el glande en el delicioso ano apreté alojándoselo despacio, poco a poco, invadiendo su intestino con delicadeza, sodomisándola gentilmente. Marga suspiraba y volteaba a verme con adoración, estaba encantada con que le dejara ir la verga por el culo, seguí presionando poco a poco hasta que la ensarté toda. Tenía a este viejorrón despatarrada en la cama y le había hundido la pescuezona hasta el infinito por el culo, estaba sodomisando las nalgas más suculentas que había visto en muchos años.

La abrace toda apoderándome de sus ubérrimas tetonas y comencé a limarle el anillo, metiendo y sacando mi dichosa verga de su fastuoso fundillaso. La primorosa gorda estaba encantada se hacía para atrás y jadeaba, movía las nalgotas apretándolas y exprimiéndome la verga, haciendo un esfuerzo más me contuve de venirme, llevé una mano a su coño para masturbarla y seguí enculándola hasta que ella trepidó con un nuevo orgasmo y entonces si le inundé el intestino de semen. Aunque ya no soy ningún jovenzuelo, me tenía tan caliente haber encontrado a esta deliciosa hembra nalgona que solo decansé unos segundos sin sacarle la verga que se mentenía bien parada y seguí dándole por el culo a mi preciosa gordis que estaba encantada con la abundante pitiza.

-¡Que rico me cojes papi… que rico.. sigue… síguele!

-¡Si, mi reyna si, me encanta tu culo, mi vida tiemes el culo más bello del mundo! ¡Aprieta el culito, mi cielo, apriétame la verga con tu culito, mi reina! ¡Mi reinita chula, mi reinita enculadita! ¿Te gusta, mi amor? ¿Te gusta que te meta la verga por el culo?

-¡Si, papi… me encanta!

-¿Qué mi reina, que te encanta? ¡Anda Marga, dímelo! Que no te de pena.

-¡Me encanta que me metas la verga por el culo, mi rey! ¡Encúlame Juán, encúlame! ¡Méteme la verga… métemela por el culo… papito… encúlame!

Tuvo otro par de orgasmos antes de que le arrojara una segunda lechada en el hospitalario ojete.

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